
Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las hiedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
Pablo Neruda
El hombre, el genio, el inmortal
Arwen — 18-04-2005 10:20:18
Trini — 18-04-2005 12:45:51
lau — 18-04-2005 15:30:32
Alma Diente de León — 18-04-2005 16:17:31
synnove — 18-04-2005 16:53:27
Alma — 18-04-2005 19:55:15
Aliana — 18-04-2005 20:21:26
scape95 — 18-04-2005 21:25:32
Elen — 18-04-2005 21:40:47
bruja-azul — 18-04-2005 23:00:35
cielodescubierto — 22-04-2005 00:34:40