
Mi semana ha terminado como inició. Llena de cosas. No todo fue malo, muchas de ellas fueron buenas. Tal vez la mejor es que es viernes y las vacaciones han llegado.
El espíritu vacacional se a metido a empujones y lo ha llenado todo. Desde temprana hora se empezó a sentir algo en el ambiente. Ese “no se que” que nos hace pensar en todo menos en lo que se supone que “tenemos” que pensar. Ese “no se qué” que nos hace sentir ganas de dejarlo todo y salir a buscar diversión y/o descanso.
Ya las carreteras están llenas, al igual que los aeropuertos y las estaciones de autobús. Parece que hay una carrera para salir de las ciudades y llegar a los distintos paraísos que existen. No entiendo muy bien porqué es así, pero es así.
Hay a quién le gustan las playas, sólo por el mar tibio que sostiene una lucha incesante con el cielo por ver quien tiene un tono azul más intenso. Las palmeras que se mesen con la suave brisa marina y arrullan a los visitantes que descansan bajo su sombra. La gran variedad de recetas basadas en pescados y mariscos, preparadas con delicioso sazón. El mar y su inmensidad que impone y al mismo tiempo alegra a quién le ve.
Hay quién prefiere sitios de interés histórico o cultural, las ciudades coloniales y sus edificios barrocos hechos de cantera. Las casonas viejas llenas de vidas, de sombras y de luces. Las ciudades que dejaron los antiguos habitantes de estas tierras, los aztecas, los mayas, los puréoechas, los olmecas o los teotihuacanos, entre muchos otros. Sus edificios derruidos, en ocasiones devorados por la selva y por los elementos. Llenan el alma de quién los visita de filosofías milenarias. Las piedras que tienen vida propia y respiran a la luz del sol.
Hay quién prefieren los paisajes, las montañas cubiertas de bosques de pinos altos y espesos. Las formaciones rocosas que tratan de competir con los escultores mas abstractos, grutas tapizadas de lluvia petrificada, barrancas hondas y profundas como no hay dos y ríos que jugando buscan siempre el camino al mar. Cascadas que parecen de hielo y lagos de azul turquesa. Volcanes cubiertos de nieves eternas y hasta desiertos llenos de vida y de sombras.
Hay también los que en contra toda la lógica nadan contra la corriente y prefieren visitar las grandes ciudades. Y hay una razón para ello. Por unos días estas metrópolis parecen ciudades fantasmas. La gente se ha ido a las playas, los sitios históricos o a ver paisajes. Es entonces cuando se puede disfrutar estar aquí. Las grandes avenidas, los parques, los restaurantes de moda, los cientos de museos. Las plazas y sus quioscos, los edificios ultramodernos que quieren alcanzar el firmamento.
Como dije antes, no entiendo el porqué las ganas desesperadas, la prisa por salir e irse lejos o cerca, pero irse al fin. Pero por increíble que parezca, es así.
Creo que es evidente que no voy a tener vacaciones. ¿O no?
P.D. Estoy seguro de que si me estás leyendo es porque no saliste tampoco de vacaiones. No se tú, pero a mi me corroe las entrañas la envidia que le tengo a los que si salieron. Pero ya llegará nuestro turno ¿No crees?
Corazón... — 19-03-2005 07:11:17
scape95 — 19-03-2005 14:27:28
lau — 20-03-2005 18:06:06
Is — 20-03-2005 18:07:58
Aliana — 20-03-2005 19:04:26
paloma — 20-03-2005 19:30:11
dido — 21-03-2005 01:20:48