Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Un grito en la oscuridad - Parte II

Archivado en Historias (de otros) • Fecha: 26-02-2005 07:07:10



Al final cayó en un sueño profundo. Y lo que mas temía sucedió. Otra vez el sueño. Estaba en un bosque. Era de noche. La neblina cubría todo. No se veía más allá de unos metros. Sentía frío. Pero el frío no le molestaba. Esperaba algo que hacía que todo lo demás valiera la pena. Pero se hacía tarde. Pasaba el tiempo y nada. Nada. Una sensación de desesperación se empezó a apoderar de él cuando la neblina se hacía mas y mas densa. Y la luz de la luna se apagaba mas y mas. Fue entonces cuando logró divisar una pequeña y tenue luz que se movía, insegura entre los árboles. Al principio no supo que hacer. Primero quiso ir hacia la luz, pero conforme se acercó a ella, un sentimiento de terror le llegaba hasta los huesos. Trataba de gritar y no podía. Trataba de correr y no podría. Su terror crecía hasta un punto tal que todo se nublaba. Solo quedaba un dolor tan intenso que tenía que despertar. Despertó empapado en sudor.

La mañana trascurrió rápidamente. La primer visita a la casa transcurrió prácticamente sin novedad. Se trataba de una pareja que se mudaba al pueblo en busca de tranquilidad. Definitivamente no era lo que buscaban.

Era ya de tarde cuando sonó el timbre. Kevin abrió la puerta. Ante si tenía a una mujer de mediana edad. Su apariencia era la de una chica simple. Sus ojos perecían encerrar al mismo tiempo una gran tristeza y una gran pasión . Se quedó pasmado. Le parecía que la conocía de siempre, aunque nunca la hubiera visto. Ella le miraba con la misma sorpresa. Sus miradas quedaron fijas entre si durante unos segundos que parecieron años. Se lo dijeron todo en esa mirada. Un fuego interno inundó sus corazones en cuestión de instantes. Él extendió la mano y se presentó: Kevin Oakwood, mucho gusto. Ella respondió extendiendo su mano Helena Riverside. Estrecharon sus manos y algo, como una descarga de electricidad recorrió sus cuerpos. Los dos se estremecieron. Veinte segundos después, y sin decir otra palabra el la tomo entre sus brazos. La apretó contra su pecho. Acarició su cabello. Sus besos cubrieron su cara, su cuello. todo fue despacio...como intentando memorizar cada pliegue...descubrir sabores, pero sin prisa...aspirar el aroma de su cabello, observar como en su mirada aparecía el destello de un deseo guardado tiempo atrás. Así, memorizó la suavidad de su piel. El color de sus ojos. La ternura de sus labios. Su voz y la sensación de su cuerpo al temblar de emoción.

-Te he esperado toda la vida
-Lo se

Se olvido de su miedos…disfrutó embriagarse en el sabor de sus besos, cerrar viejas heridas, abrir su alma y disfrutar el placer de esa primera vez... hacer el amor con ella...es temblar por lo desconocido, pero te dejas llevar por lo prohibido...ahora su piel y su alma seria para el....sin miedo, pero sobretodo sin prisa...

Se amaron lentamente. Por horas enteras en las que la noche los cobijó y la luna fué muda testigo de la pasión desbordada. Anhelada por tanto tiempo. Se lo dijeron todo solo con miradas. Se entregaron el alma con tiernas caricias. Una lágrima de felicidad se escapó traviesa de sus ojos

El viejo sueño volvió de repente a su mente. Pero ahora no estaba dormido. Todo se vió con mucha mas claridad. La silueta en el bosque era ella, Helena. Caminaba lentamente, buscando el claro en donde habían quedado de verse. Habían esperado por meses ese momento de estar solos, juntos y entregarse mutuamente su amor. Pero la oscuridad, la niebla y el viento nocturno habían urdido una trampa mortal. Su lámpara se había apagado. Iba directamente hacia una barranca oculta entre los árboles. Kevin trató de advertirle, gritarle, pero no pudo. Su voz se extinguió por la desesperación. Trató de correr y solo logró dar dos grandes tumbos por el suelo. Cuando por fin logró incorporarse y coartarle el paso a Helena, era demasiado tarde. Ambos cayeron y rodaron colina abajo, golpeando contra árboles y rocas. Al final, sus cuerpos maltrechos llegaron a la orilla del río. Este se tiño de sangre. Ella murió instantáneamente. El vivió unos minutos más, abrazado al cuerpo inerte de su amada.

Dicen que en el momento de la muerte nuestra vida pasa, en un solo instante por nuestra mente. A Kevin le sobraron unos instantes. Unos instantes que, gracias a sus heridas, a la falta de oxigenación y a los múltiples golpes, trastornaron su conciencia. Durante esos instantes el tiempo pareció alargarse. Soñó vivir toda una vida, pero cuatro minutos con 19 segundos después del golpe, Kevin murió. Tenía 18 años y nunca había salido de su pequeña ciudad en medio del bosque.

Escrito por Viento Nocturno
(1) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios

  1. Vaya si te quedó misterioso... al principio parecía una cosa, y luego resultó ser que estaba soñando con su vida pasada, y que siempre tenía el mis mo destino...

    las mas bellas historias de amor siempre son trágicas...

    saludos Viento!!

    synnove — 28-02-2005 18:41:29


Comentar



Recordar datos




LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009