Una probadita de mundo real
Las ruedas rechinaron cuando tocaron la pista del aeropuerto de Guadalajara. El MD-80, con cerca de 100 personas a bordo, recorrió la pista y suavemente se dirigió hacia las puertas en la zona de ascenso y descenso de pasajeros. Había sido un vuelo corto, mas corto de lo esperado y se me había hecho aún mas corto gracias a la lectura de El Código Da Vinci y las aventuras de Robert y Sofie por todo París en busca del Grial. Aún así, no era suficiente como para recuperar el retraso inicial de casi una hora con la que despegó de la Ciudad de México.
Mientras caminaba por los pasillos de la Terminal aérea, rumbo a la salida, una serie de recuerdos se agolparon en mi cabeza. Hacía apenas una semana había conocido a Alicia en una sala de Chat. Desde el primer contacto cibernético que tuvimos, nos enganchamos. Fue extremadamente fácil hablar con ella y compartirle cosas que normalmente no comparto con nadie. Un poco el anonimato, la idealización que produce la imaginación y la soledad acumulada de meses nos había hecho, en muy poco tiempo, buenos amigos. Desde ese primer día se volvió prácticamente un obligado el platicar con ella tarde cada noche. No faltó ni una vez.
Ese mismo día por la tarde, ella había escrito “Te invito una copa”. Solo contesté “llego a las 11, donde te veo?”.
Llegué a la salida y quedé frente a la valla de gente que espera algún familiar o amigo que regresa. Busque entre la gente y no me fue del todo difícil hacer una primera hipótesis sobre quién era Alicia. Evidentemente, nunca la había visto en persona. Me había mandado algunas fotos, pero la imaginación se había encargado de redondear la imagen que estaba en mi cerebro.
Me acerqué a una mujer de unos 28 años que estaba sola, vestía un pantalón negro, un saco color crema, cabello al hombro de un tono castaño con luces. Traía consigo un bolso negro que iba bastante bien con el cuadro. Era guapa. Era ella.
Definitivamente era diferente a lo que me había construido en la imaginación. Esa diferencia provocó que, por un momento, fuera necesario re-conocer a la persona que estaba frente a mí. De camino a su auto, fuimos tratando de cruzar algunas palabras, pero definitivamente ambos éramos un tanto distintos en el mundo virtual. El momento era ligeramente tenso y no fue fácil retomar el punto de confianza que habíamos alcanzado en nuestras noches de chat.
Una vez en su auto, nos dirigimos a un bar ubicado en un complejo sobre una montaña desde la que había una visibilidad total de la ciudad. La vista era magnífica. Se alcanzaban a ver incontables pequeñas luces, como luciérnagas sobre un campo de extensiones enormes. Para cuando entramos y nos sentamos en una mesa cerca de la pequeña pista de baile del lugar, ya habíamos logrado tomar cierta confianza. Minutos después y ayudados por la cercanía que obliga estar en un lugar con mucha gente, con mesas muy pequeñas, sentados en taburetes y con un ambiente cargado de música y mil conversaciones diferentes, parecía que nos conocíamos desde hacia años.
Poco a poco la cercanía se fue acentuando y en un momento nos fundimos en un beso. Pasamos el resto de la velada hablando, bailando y besándonos.
Cuando ya muy tarde en la madrugada salimos del lugar, paseamos por la ciudad desierta un buen rato, antes de llegar a mi hotel. Cuando llegamos y me dijo “Te veo al rato” le contesté “quédate”. Al principio no supo que decir. Luego de repetirle la invitación con la mirada accedió aclarando “pero no quiero hacer el amor”.
Hablamos todavía un rato. Al final, el cansancio nos venció y quedamos dormidos, uno junto al otro.
Cuando el sol que entraba por una abertura en las cortinas y nos daba en la cara, nos despertó a la mañana siguiente éramos dos personas diferentes a las que habíamos despertado el día anterior. Nos teníamos mutuamente.
Ese día lo pasamos paseando, riendo y queriéndonos.
Cuando por la noche, mi vuelo despegó de regreso, una sensación extraña recorrió mi cuerpo. No sabía que sería de Alicia. Que sería de mí. No sabía si habría un futuro juntos o no. Pero si sabía que había pasado las 40 horas más sorprendentes de mi vida.

Agua — 09-02-2005 01:27:30
Alma — 10-02-2005 04:04:36