Siguiendo con la historia del Coyote y el Correcaminos, la semana pasada me sentí cómicamente atrapado por esta misma frustración marca ACME.
Mi contador me pidió que realizara un trámite en hacienda. Este trámite requería de una serie de documentos para llevarse a cabo. Salí por la mañana, armado con un gran sobre manila amarillo lleno de cosas, entre ellas disquetes con la información de algunas personas a quienes tendríamos que tramitarles el RFC.
Llegué a la oficina Sur de hacienda, saque mi ficha y tuve la agradable sorpresa de que a pesar de la misma imagen gubernamental de siempre, las cosas parecían fluir con rapidez y el sistema automatizado de atención parecía ser eficiente. Efectivamente lejos de los cuarenta minutos de espera que me habían augurado antes emprender mi travesía, fui atendido en unos 15 minutos. De hecho mientras esperaba me pidieron que fuera marcando algunos datos relevantes en el acta constitutiva que era una de los componentes mágicos ubicados dentro del sobre. Cuando llegué frente al gestor que me haría el trámite todavía no había logrado identificarlos y con un poco de pena le hice una pequeña broma sobre el buen servicio y la rapidez de la atención. No me había dado tiempo ni de encontrar la información que necesitaba ser resaltada. "No se preocupe señor, ya ni busque!!!" me dijo con una sonrisa en la boca. Los discos están mal. Le sobra información y me mostró un documento que indicaba el formato: CURP una coma la fecha de ingreso a la empresa DD/MM/AA otra coma y una "X" si sus percepciones anuales eran superiores a cierta cantidad de dinero. En mi disco además de lo anterior estaba el nombre de la persona. Eso significaba que tenía que modificar ese archivo, pero estando a mas de 30 kilómetros de mi computadora se antojaba todo un reto. Afortunadamente mi amigo el gestor me ayudó: "Si gusta paso su ficha al área de computadoras, para que modifique el archivo". "Luego tendrá que volver a sacar una ficha y esperar su turno para que lo vuelva a atender". Ok, genial. Mi ficha fue electrónicamente redirigida al área de computadoras en donde podría hacer uso de una de ellas y realizar los cambios que requiriera. Nuevamente la fila pasó relativamente rápido y solo el hecho de que el pizarrón electrónico que iba anunciando los turnos era completamente ignorado por la gente que asignaba las máquinas llegó a incomodarme un poco. Al fin me ubiqué cómodamente frente a una computadora y abrí mi archivo. Para no equivocarme solicité apoyo telefónico de mi contador para checar y rechecar el formato adecuado de los datos, y una vez que quité los nombres y las comas (por duplicado, por aquello de las dudas) me retiré del lugar con una sonrisa en la cara.
Por segunda vez solicité una ficha para atención de un gestor y dar de alta en el Registro Federal de Contribuyentes a algunas personas empleados de la empresa. Esta vez si me alcanzó el tiempo para encontrar y marcar los párrafos correspondientes a la asignación de poderes notariales ubicados en el acta constitutiva. Cuando llegué nuevamente frente a mi ya viejo amigo el gestor, lo primero que hizo fue revisar los discos y comentarme "Le dije que solo quitara los nombres, la ultima como si debe de venir!!". Ok, Ok, Ok, pasa mi ficha de nuevo a las computadoras. Ahora vuelvo.
Nuevamente el indicador electrónico que mostraba quien era la persona que debía de ser atendida era ignorado completamente. La gente a cargo, está tan acostumbrada que siguen el orden de memoria, sin embargo a los que venimos con una ficha que era para otro servicio y que fuimos redirigidos hacia acá por algún error en nuestra información digital, pues somos interlazados con los que si vinieron expresamente a hacer uso de las computadoras para hacer trámites en línea u alguna otra cosa que requiera un equipo del que no disponen. Total, luego de empujar un poco y meter el hombro con delicadeza, llegué frente a la misma PC que había empleado una media hora antes. Nuevamente abrí mis archivos y retiré la coma que me había hecho repetir el proceso. Esta vez solo hable con mi contador para preguntarle como estaba su familia y mandarle saludos.
La tercera vez que solicité mi ficha, ya me sentía como pez en el agua. Conocía el movimiento de la oficina a la perfección y sabia que si eras una persona que iba por un trámite de alta de persona física tu ficha empezaba con 11 y si era moral emezaba con 51 y si era una reclamación empezaba con 00. Conocía también el tiempo promedio de atención y las preguntas de la gente de apoyo que trata de agilizar el proceso orientandote sobre la información que debes traer.
Nuevamente llegué frente al mismo gestor (mira nada mas mi suerte!!) y antes que otra cosa le pasé los discos. Ya no bromeaba y mi sonrisa era menos expresiva. Esta vez lo logré. Ejecutó los procesos de alta al RFC con los discos que le proporcioné y todo pareció funcionar sin problemas. Ahora si revisó mi acta constitutiva, le indique donde estaban los datos referentes a los poderes. Tomó una carta membretada de la empresa donde se solicitaba el trámite, y con una sonrisa (ahora el sonreía) me preguntó por la copia de esa carta. ¿Copia? Dije yo un poco sorprendido. ¡Acaso se necesita? (yo no sabia que documentos se requerían, solo había tomado el sobre manila color amarillo que se suponía traía todo lo que iba a necesitar). "Si, se requiere para que le selle como acuse, para cualquier reclamación". Cunando después de escudriñar papel por papel vi, que efectivamente no estaba la susodicha copia, le pregunté: "y si no me sella?". Sabia la respuesta de antemano, pero algo me empujaba a preguntar de cualquier manera. Me pidió que pasara a la ventanilla de información para que me dieran una ficha de ingreso (ya había terminado el horario de atención y si salía seguramente no me volverían a dejar entrar) ya que a él se le habían terminado. Cuando vio que estaba sufriendo para que me dieran la famosa ficha, se le ocurrió preguntarle a su gestor vecino y me llamó de vuelta: "Esta es su ficha, vaya a sacarle una copia y regrese!". Ok una copia, por aqui está lleno de papelerías que sacan copias (si, pero a la vuelta de la gran manzana que es la oficina sur). Por otro lado, soy muy distraído y confiado. Cuando salí de la oficina llevaba mi cartera porque requería una identificación oficial para hacer el trámite, pero no traía ni un peso en efectivo. Ni monedas ni billetes. De hecho sufrí un poco para estacionar mi auto donde no hubiera un "viene viene" que me pediría 10 pesitos de propina. De donde $&%$"# sacaré 50 centavos para una $/"@ copia. Busqué una moneda en el coche, de esas que por accidente se suelen caer a un lado o abajo de los asientos. La suerte me sonrío y una brillante moneda de dos pesos me saludó desde la oscuridad. Con eso pude sacar la famosa copia luego de tres papelerías con las copiadoras descompuestas.
Por fin llegué con mi ficha y mi copia frente a mi amigo (que digo mi amigo, mi hermano!!!) el gestor, quien con ello culminó el trámite, me selló mi copia y me entregó mi sobre manila amarillo. "Eso es todo?" pregunté. "Si, eso es todo". "Excelente!!!", misión cumplida.
Llegé a la oficina (luego de una hora y media de camino por el tránsito infernal de Calzada de Tlalpan), y feliz, entregué todo a mi querido contador.
"Y el documento con las altas de las personas con sus RFCs?" (el resultado final del tramite). El coyote cayó inexorable al precipicio.
Esta semana tendré que ir nuevamente a la oficina Sur.
MMMBBEEEEEPPP MMBBEEEEEPPP!!!!
