Una historia marca ACME
ADVERTENCIA: Paciencia Requerida
Sin duda un recuerdo de infancia que tiene que ver con un sentimiento de frustración es el pobre Coyote buscando desayunarse al Correcaminos (infeliz, desgraciado, sádico). Tratando siempre por todos los medios tecnológicos que la prestigiada, muy avanzada y nunca bien ponderada marca Acme podía proveerle con entrega a domicilio.
Esta imagen de frustración se quedó tan marcada en mi (como estoy seguro en casi todos los chiquillos y chiquillas de mi generación y algunas subsecuentes) que cuando por alguna razón tengo un día de esos (si de esos!!), en que todo sale mal, no puedo evitar identificarme con el susodicho "Coyotus Hambrientus".
Hay dos días de mi vida en los que esto ha sido marcadamente cierto (independientemente de que una situación frustrante se de con mucha mas frecuencia). La primera vez ocurrió en Xalapa, Veracruz México.
Lo recuerdo perfectamente, cómo si hubiera sido en año pasado. De hecho creo que fue el año pasado!!!:
Visitaba Xalapa para realizar la configuración de sistema de balanceo de cargas, que permitiría a mi cliente establecer un arreglo de alta disponibilidad de sus servidores WEB. Me esperaban a media mañana, ya que tendría que hacer el viaje desde la capital del país. Ese día, por un azar del destino en lugar de hacer el viaje (como normalmente lo hago) en autobús y luego tomar un taxi, decidí conducir mi veloz automóvil plateado. Ahí empezó todo. Tuve que conducir mi veloz automóvil plateado porque se me ocurrió la brillante idea de aprovechar el viaje e invitar a una vieja amiga (ni tan vieja ni tan amiga) y además porque mis padres requerían un "aventón" a esa ciudad precisamente ese día.
Esto desencadenó una serie de acontecimientos:
1) El galán mátalas quedito (o sea yo) llegó por su amiga en su veloz automóvil plateado acompañado de sus papás.
2) Por lo tanto, eso de veloz automóvil plateado se vio modificado por la frase "Hijo, no crees que vas muy rápido?". No, madre, solo voy a 80.
3) Una vez en Xalapa (6 horas después de salir) y luego de dejar a mamá y papá en su hotel decidí que el primer paso tendría ser encontrar un hotel para deshacerme también de mi amiga y poder encaminarme a mi lucha por alcanzar la chuleta. En mi hotel favorito pregunto por una habitación y me dicen que si, mientras llenaba la forma de registro una dependiente mirando con ojos de "ya la regaste!!" me dice, "disculpe, pero acabamos de asignar la última habitación disponible", las demás están reservadas". Diablos!!!!. Busco otro hotel: lleno, otro hotel también lleno, bueno, el infalible Fiesta Inn no me va a quedar mal: lleno. ¿Que pasa aquí? ¿Sin darme cuenta llegué a Acapulco y es semana santa?
Cuando ya resignado había llamado al hotel donde se hospedaría mamá y papá y tenía apalabrada una habitación, un hotelillo en el camino me salvó de una larga agonía de 3 días.
4) Con check-in listo y amiga instalada, emprendí mi valiente viaje a las oficinas del cliente, una llamada para avisar que vengo un tanto tarde y para pedir algunas indicaciones que me permitieran llegar al lugar y adelante. Dos horas perdido en la ciudad después, lo mas que logré hacer fue regresar al hotel.
5) Un taxi. Mi salvación es un taxi. Viene uno: Lleno. Ok, ya pasará otro:lleno. Ese viene vacío: no se paró. Ese tampoco. Una hora después conseguí lo que parecía imposible: Un Taxi. Le dí la dirección y emprendimos el camino.
6) La ruta que tomamos implicaba pasar por el centro (no se porqué, ya que luego descubrí rutas mucho mejores). El centro estaba embotellado. Descubrí que no solo en Chilangolandia había dificultad para circular por las viejas y empinadas calles del primer cuadro Xalapeño. "Señor, ya no llego al cambio de turno, disculpe la molestia" y me bajó del taxi. Lo peor es que hasta le pagué. "Ahí, subiendo la calle está lo que usted busca!!"
7) "Traslomita!" me dijo, media hora caminando y nada. Total, 45 minutos de caminata a pleno sol y de subida. Para alguien sin entrenamiento como yo fue el acabose. El último ataque del correcaminos.
8) Encontré la calle que buscaba. Por fin. Busco el número 14. Paso el 2, 4, 6, 8, 10 y de repente brinca hasta el 28. Diablos. Nunca voy a llegar. Marco para pedir mas información. Nada, acaban de salir a comer. Regresan hasta las 5 de la tarde. Ya estaba tirado en el fondo de cañón, luego de que fallara mi super propulsor portátil marca ACME.
Todo esto me vino a la mente hoy, porque nuevamente adopté mi papel favorito: Coyotus Hambrientus
Pero esa será otra historia.
Al — 23-01-2005 21:42:06
fuzzy — 11-04-2005 09:56:48
Llanten — 19-04-2005 16:39:58